Con esta crítica (como alumna de
este Grado) pretendo reflexionar sobre las diferentes perspectivas de la
educación y los educadores; por un lado las expectativas que se dan en el aula
del Grado de Magisterio; y por otro la visión generalizada que la sociedad
tiene de los maestros y la docencia.
En nuestras aulas se tiende, en mi
opinión, a idealizar la profesión del maestro. Es cierto que la educación en
edades tempranas juega un papel imprescindible en el futuro de los alumnos y la
influencia que los docentes ejercen sobre sus alumnos es mayor de la que nos
imaginamos.
Por ello se nos insiste en la
necesidad de ser COMPLETOS, de tener ciertas aptitudes necesarias para cumplir
con nuestro cometido de la mejor forma posible. La docencia, además, es un
trabajo duro, ya que no son los alumnos los que tienen que adaptarse al
profesor, sino que debe ser el maestro el que se adapte a las características
individuales de cada uno de sus chicos, y a partir de ahí planificar y organizar
un programa de enseñanza acorde con esas particularidades. Esto se traduce en
atender a las necesidades de cada niño y ser capaces de cumplir los objetivos
en la mayoría de los casos; dejar de lado los métodos tradicionales y alejarse
de los errores del pasado.
LA REALIDAD: Todo lo anterior se
cumple en un porcentaje mínimo. Las causas en mi opinión, o al menos algunas de
ellas, son estas:
1. La desestimación desde hace
años, y en concreto en nuestro país, de la profesión de maestro. Esto se debe a
la baja nota de corte, que provoca el ingreso de un gran número de estudiantes
en este grado (algo que debería ser maravilloso y esperanzador), y sin embargo
una mínima o nula vocación por esta profesión.
2. Por otro lado la falta de
respeto o bien de entendimiento entre las relaciones alumno-profesor,
profesor-familia, familia-alumno. Los niños siempre serán niños, pero el
contexto en el que se les eduque influirá en su educación. Las relaciones que
se crean dentro de la escuela (con sus profesores) y fuera de ella (con su
familia), son de vital importancia para los chicos. Por esto nuestra relación
con la familia debe ser lo más sana posible, debemos crear una buena
comunicación y llegar a un entendimiento y acuerdo con sus diferentes partes.
Sin embargo cada vez se hace más difícil esta labor, ya que como cada hay menos
profesionales de la docencia, o menos maestros amantes de su trabajo, las
familias y los alumnos pierden el interés y el respeto a sus profesores (que en
muchos casos son incompetentes).
3. Para no extenderme más, otra
idea muy importante en esta crítica, y que se desprende de la anterior, es la
utilización de un guión predeterminado para la docencia. Como ya he dicho la
visión que la sociedad tiene de la docencia no es sólo por la escasa vocación
en el Grado, sino por la falta de profesionalidad en las aulas de los niños y
la mala comunicación o malinterpretadas ideas hacia las familias. A todo esto
se suma el hecho de que esa falta de vocación y de motivación por parte de los
docentes y la infravaloración general de su profesión, haga que en este ámbito
reine la ley del mínimo esfuerzo. Con esto quiero decir que el docente poco
profesional se límite al currículum, a los libros de texto y a las odiosas
editoriales que hacen que el cómodo docente repita como disco rayado todo lo
que está escrito en el papel, sin pensar en las necesidades de sus alumnos, en
sus peculiaridades o ya ni siquiera en su realización laboral.
Así es lógico y normal entender
esta visión sociológica, ya que somos NOSOTROS, profesores, profesionales,
maestros los que debemos empezar a cambiarlo.
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